Recuerdo que tenía una carpeta azul con panza, que era mi gran tesoro. Estaba llena de papeles y sus correspondientes sobres, los ordenaba y volvía a ordenar una y otra vez según su estilo, color, tamaño (hasta perfume!!).
Compraba paquetes de diez cartas, y con mucho recelo las intercambiaba en el colegio con algunas amigas que también coleccionaban.
Desde chica que tengo locura por las texturas, los gramajes, las ilustraciones, las formas y todas las bondades que rodean a un objeto tan simple y versátil como es el papel.
